Gerardo Zaldúa | 23 Sep 2026 | Empleabilidad
Hay una escena muy reveladora en El diablo viste de Prada 2 donde la legendaria editora de moda Miranda Priestly, interpretada por Meryl Streep, camina sola por el distrito de la moda de Milán. Su influencia se ha forjado a base de un instinto impecable y de anticiparse a las tendencias culturales. Pero en una industria cada vez más dictada por la inmediatez de las redes sociales, las voces jóvenes y la constante reinvención, ella comienza a cuestionarse discretamente su propia relevancia. Mentalidad define comportamiento.
Al regresar al hotel, le pregunta a su esposo, Stuart, cuándo sabe una persona que es hora de hacerse a un lado.
1,- "Sabrás cuándo es el momento", responde él. "Simplemente lo sabrás".
Es uno de los mantras más comunes sobre el trabajo, el envejecimiento y la ambición. Parte de la premisa de que las personas reconocerán instintivamente cuándo deben bajar el ritmo, alejarse o dar paso a las nuevas generaciones. Pero, a pesar del intento de Stuart por tranquilizar a su esposa, ese momento ya no resulta tan claro en nuestra sociedad.
A medida que la esperanza de vida en México aumenta, el trabajo se convierte en mucho más que un simple salario. Es una fuente de identidad, propósito, rutina y conexión social. Por lo tanto, la verdadera pregunta ya no es solo cuándo dejar de trabajar, sino qué se necesita para mantenerse feliz, sano y económicamente seguro al envejecer. Por definir tus próximos diez años.
Durante gran parte del siglo XX, la jubilación en México se concebía como una transición vital altamente predecible.
Las trayectorias profesionales seguían caminos más lineales. La edad adulta avanzada marcaba el inicio de un "tercer acto", con más tiempo para centrarse en la familia, el esparcimiento y la vida fuera de la oficina. Esto se consideraba una recompensa bien merecida tras décadas de esfuerzo, respaldada por la creación de instituciones como el IMSS y sistemas de pensiones solidarias (como la famosa Ley 73) que garantizaban un retiro digno.
Sin embargo, los cambios demográficos, legislativos y económicos han alterado profundamente esta experiencia. Ser más estratégico.
En la actualidad, los adultos mayores permanecen mucho más tiempo en el mercado laboral. Según datos del INEGI, la población de 60 años y más que forma parte de la Población Económicamente Activa (PEA) sigue en constante crecimiento.
Varios factores impulsan este cambio en México:
2.- La disyuntiva: ¿Mantenerse activo o hacerse a un lado?
Aquí es donde surge la paradoja laboral moderna. Por un lado, se promueve el concepto del "envejecimiento exitoso", animando a los profesionales a mantenerse vigentes, productivos, saludables y actualizados. Plataformas como LinkedIn están llenas de historias de reinvención a los 60 años. RE INICIANDOME.
Pero, por otro lado, el mercado laboral mexicano suele ser cruel con la edad (un fenómeno conocido como edadismo), donde incluso a partir de los 45 años encontrar empleo se vuelve un desafío titánico. Al mismo tiempo, aquellos adultos mayores que logran mantener posiciones de liderazgo, ya sea en grandes corporativos, empresas familiares o en la política, son frecuentemente criticados por no "pasar la estafeta".
Existe una narrativa creciente —similar al debate sobre la "gerontocracia" en Estados Unidos— que señala que las generaciones mayores concentran desproporcionadamente la toma de decisiones y la riqueza, dejando a los jóvenes talentos sin oportunidades claras de ascenso y progreso económico.
Si bien las preocupaciones sobre el relevo generacional son legítimas, corren el riesgo de invisibilizar una realidad innegable: una gran parte de los adultos mayores no sigue trabajando por simple ambición de poder o terquedad, sino por pura necesidad económica y responsabilidades familiares.
3.- ¿Qué es exactamente lo que estamos dejando atrás?
Más allá del debate económico, está el significado emocional del trabajo. En una cultura tan cálida y orientada a la comunidad como la mexicana, el lugar de trabajo es un núcleo fundamental de socialización.
Con la disminución de otros espacios comunitarios tradicionales, el trabajo suele ser uno de los pocos lugares donde las personas mayores siguen sintiéndose visibles, necesarias y conectadas. El aislamiento social es un problema de salud pública silencioso, y para algunos, el retiro abrupto puede generar sentimientos de soledad y pérdida de propósito.
4.- Esto no es una apología para trabajar hasta el final de nuestros días.
Para muchos, la jubilación es, y debe ser, una etapa de bienestar, reducción de estrés y disfrute familiar. Pero el éxito de esta transición depende enormemente de la estabilidad financiera, la salud y la red de apoyo social.
El verdadero desafío de nuestra época no es que los profesionales se nieguen a desconectarse. El reto es que, frente a las presiones económicas y la redefinición de nuestra identidad, la vida moderna ha provocado que ese momento instintivo de "saber cuándo es el momento" sea, hoy más que nunca, una decisión compleja y borrosa.
Ante este escenario donde el mercado laboral tradicional a menudo impone barreras de edad y el retiro total no siempre es una opción viable o deseada, surge una tercera vía cada vez más atractiva. Hackear el tiempo.
5.- El emprendimiento y El trabajo independiente.
Para muchos profesionales con décadas de trayectoria, esta etapa no tiene que significar el ocaso de su vida productiva, sino el comienzo de una faceta donde ellos mismos dictan las reglas. Al ofrecer servicios de consultoría, operar como freelancers o iniciar un negocio propio, los adultos mayores tienen la oportunidad de capitalizar su activo más valioso e irremplazable: la sabiduría técnica, la resiliencia, la inteligencia emocional y la red de contactos forjada a lo largo de toda una vida. Principios del cambio.
Optar por esta independencia permite diseñar un esquema laboral a la medida, equilibrando la necesidad de generar ingresos y mantener el sentido de propósito, con la flexibilidad indispensable para cuidar de la salud y disfrutar del tiempo personal. Al final, quizás la respuesta al dilema de Miranda Priestly no sea simplemente resignarse a saber cuándo "hacerse a un lado", sino descubrir el momento exacto para construir un camino propio.
Dar el salto hacia el emprendimiento demuestra que la experiencia no tiene fecha de caducidad, y que el siguiente gran capítulo profesional puede vivirse bajo nuestros propios términos.
Hay una forma de edadismo que todos reconocemos con cierta facilidad: la que vie...
Leer más
¿Y si no todo lo que llamamos edadismo fuera realmente edadismo? Cuando después...
Leer más
Cómo reconstruirte profesionalmente sin empezar de cero Tu siguiente etapa no c...
Leer más