Gerardo Zaldúa | 19 Oct 2026 | Desarrollo Humano
¿Estoy avanzando hacia mis objetivos o simplemente me he mantenido ocupado?
Hay momentos del año que nos invitan a detenernos, observar el camino recorrido y preguntarnos si estamos avanzando hacia aquello que nos propusimos.
Octubre es uno de esos momentos.
Hemos dejado atrás nueve meses de 2026. Tres trimestres de decisiones,oportunidades,logros y objetivos aún pendientes.Es probable que, al comenzar el año, muchos de nosotros hayamos definido propósitos personales, profesionales, familiares y económicos. Quizás nos comprometimos a mejorar nuestra salud, crecer profesionalmente, fortalecer nuestras relaciones, emprender un proyecto o simplemente encontrar un mejor equilibrio de vida.
Pero hoy, entrando en la recta final del año, surge una pregunta que considero fundamental:
Desde mi experiencia como Coach y Mentor, he aprendido que el verdadero crecimiento no consiste únicamente en cumplir objetivos. También implica desarrollar la capacidad de cuestionarlos, ajustarlos y, cuando sea necesario, tener la madurez de renunciar a aquellos que dejaron de ser importantes.
El problema no siempre es que falte tiempo para alcanzar nuestras metas. En ocasiones, lo que falta es claridad para reconocer cuáles merecen realmente nuestro tiempo.
1. Antes de mirar lo que falta, reconozcamos lo que hemos logrado
Sin embargo, pocas veces hacemos un reconocimiento consciente de nuestros avances. Y no todos los avances son económicos, profesionales o materiales.
En ocasiones, un gran logro puede haber sido aprender a establecer límites, superar una situación, recuperar mi tranquilidad, fortalecer una relación o tomar una decisión postergada
Por eso, antes de evaluar nuestros resultados, vale la pena preguntarnos:
No podemos evaluar nuestro crecimiento si solamente observamos lo que aun falta.
El reconocimiento también forma parte del proceso de desarrollo.
2. Estar ocupado no significa estar avanzando
Pero conviene distinguir entre dos conceptos: actividad y resultado. Podemos trabajar intensamente durante meses sin acercarnos de manera significativa a nuestros objetivos.
Esto ocurre tanto en las organizaciones como en nuestra vida personal.
Un ejecutivo puede participar en numerosas reuniones sin resolver los problemas fundamentales de su equipo. Un emprendedor puede invertir horas en actividades comerciales sin generar suficientes oportunidades. Podemos mantenernos ocupados durante todo el año sin dedicar tiempo a lo que verdaderamente considera importante.
Una pregunta de mentoría que recomiendo plantear: ¿Qué resultados concretos puedo demostrar hoy como consecuencia de mis esfuerzos de los últimos nueve meses?
La respuesta requiere honestidad.
No se trata de descalificar nuestro esfuerzo, sino de identificar si estamos invirtiendo nuestros recursos en las actividades correctas. El tiempo es limitado, y utilizarlo adecuadamente representa una de las decisiones importantes de nuestra vida.
3. Quizás no necesitas cambiar tus objetivos, sino tus estrategias
Una de las grandes lecciones que deja la experiencia es comprender que insistir no siempre significa perseverar.
Pensemos en una persona que lleva meses buscando una nueva oportunidad profesional.
Su objetivo de conseguir un empleo puede seguir siendo relevante. Sin embargo, quizás necesita modificar su posicionamiento, ampliar su red de contactos, actualizar sus competencias o replantear su propuesta de valor.
Lo mismo sucede con un empresario, un líder o alguien que desea cambiar sus hábitos.
Desde la mentoría, considero que existen cinco decisiones fundamentales frente a nuestras estrategias:
La madurez no consiste en defender permanentemente nuestras decisiones anteriores. Consiste en reconocer cuándo debemos modificarlas.
Cambiar de estrategia no significa renunciar a nuestros sueños. Puede significar que estamos aprendiendo a alcanzarlos de una manera más inteligente.
4. ¿De qué sirve alcanzar mis metas si pierdo el equilibrio?
Existe un aspecto del balance anual que considero especialmente importante: evaluar no solamente lo que hemos conseguido, sino también el costo personal que ha representado.
Surge otra pregunta: ¿El éxito consruido se parece realmente a la vida que quiero vivir?
Para realizar un balance integral, propongo revisar ocho dimensiones:
Una herramienta sencilla consiste en calificar cada dimensión del 1 al 10, comparando cómo nos encontrábamos en enero y cómo estamos actualmente.
Lo importante no es una calificación perfecta, sino reconocer los desequilibrios que requieren atención. Pues un buen cierre de año no se construye a costa de mi bienestar.
El verdadero éxito también debe permitirnos disfrutar aquello que estamos logrando.
5. Lo que no logré también tiene algo que enseñarme.
Reconocer nuestros logros importa, pero también debemos aprender a observar nuestros incumplimientos sin convertirlos en una condena personal.
Desde mi visión como mentor, considero que el valor de una experiencia no depende solo de su resultado, sino también del aprendizaje que somos capaces de obtener.
Preguntémonos: ¿Qué estoy repitiendo por costumbre, por temor o resistencia a cambiar?
Esta pregunta puede resultar incómoda. Sin embargo, muchas veces el mayor obstáculo para nuestro desarrollo no está en las circunstancias externas, sino en nuestra dificultad para cuestionar determinadas creencias, hábitos o comportamientos.
Un balance auténtico requiere identificar qué debemos continuar haciendo, qué necesitamos comenzar, qué debemos dejar atrás y qué apoyo necesitamos solicitar.
No siempre podemos cambiar lo que ocurrió, pero sí decidir qué haremos con lo aprendido.
6. Tres prioridades pueden ser más valiosas que diez objetivos
Al comenzar octubre, es común experimentar cierta urgencia.
Pero esa reacción puede llevarnos a la dispersión y al agotamiento. Por eso, una de mis principales recomendaciones es sencilla:
Selecciona un máximo de tres prioridades importantes para cerrar 2026.
No diez. No quince. Tres.
Para elegirlas, considera cuatro criterios:
También debemos reconocer aquello a lo que tendremos que renunciar. Porque priorizar no solamente significa decidir qué vamos a hacer.
Priorizar también significa decidir conscientemente qué vamos a dejar de hacer.
Y esa suele ser una de las decisiones más difíciles.
7. Octubre, noviembre y diciembre: para actuar con intención.
Una vez definidas nuestras prioridades, necesitamos transformarlas en acciones concretas. Propongo visualizar el último trimestre de la siguiente manera:
Octubre: revisar y ajustar. Es el momento de analizar resultados, reconocer aprendizajes, redefinir estrategias y establecer prioridades claras.
Noviembre: ejecutar y concentrarnos. Es el periodo para actuar con disciplina, fortalecer hábitos, mantener el enfoque y dar seguimiento a los indicadores que realmente importan.
Diciembre: consolidar y cerrar. Es momento de evaluar resultados, completar compromisos viables, reconocer avances y preparar las bases del siguiente año.
Para evitar que nuestras metas vuelvan a quedarse únicamente en buenas intenciones, recomiendo realizar una revisión semanal:
La consistencia suele ser más importante que los esfuerzos extraordinarios realizados de manera ocasional.
8. La pregunta más importante no es cuánto me falta, sino quién estoy siendo
Quiero terminar esta reflexión con una perspectiva que considero esencial dentro de cualquier proceso de desarrollo personal o profesional.
Muchas veces medimos nuestra vida por lo que conseguimos: posiciones, ingresos, reconocimientos, proyectos, propiedades o resultados. Sin embargo, pocas veces evaluamos en quiénes nos estamos convirtiendo durante ese proceso.
Estas preguntas no siempre tienen respuestas fáciles. Pero pueden ayudarnos a comprender que el desarrollo personal no consiste únicamente en llegar más lejos.
También implica aprender a vivir mejor el camino.
Reserva un espacio de tranquilidad y escribe tus respuestas a estas cinco preguntas:
No respondas apresuradamente. Date la oportunidad de reflexionar, reconocer y decidir.
El propósito de este ejercicio no es juzgar lo que hiciste o dejaste de hacer. Es recuperar la claridad sobre aquello que realmente quieres construir.
Reflexión final
A estas alturas del año, quizás no podamos cambiar todo lo que ocurrió durante los primeros nueve meses.
Pero todavía podemos cambiar la manera en que elegimos vivir los meses restantes.
Podemos reconciliarnos con algunos resultados, agradecer lo aprendido, abandonar compromisos que perdieron sentido y concentrarnos en aquello que merece mi energia.
Desde mi experiencia como Coach y Mentor, estoy convencido de que uno de los actos más importantes de madurez personal consiste en reconocer cuándo debemos perseverar, cuándo necesitamos cambiar y cuándo es momento de soltar.
El mejor balance no siempre es el que presenta más logros. Es aquel que nos permite reconocer cuánto hemos crecido y hacia dónde queremos dirigir los siguientes pasos.
¿Qué necesitas sostener, cambiar o dejar atrás para cerrar 2026 de manera diferente?
Me encantará conocer tu reflexión en los comentarios.
Más de 25 años acompañando a personas, ejecutivos y organizaciones en sus procesos de desarrollo, liderazgo y transformación.
Si deseas realizar un balance más profundo sobre tu situación personal o profesional, podemos trabajar juntos para identificar tus prioridades, reconocer oportunidades y construir una estrategia de desarrollo a tu medida.
Agenda una primera sesión de diagnóstico sin costo.
Gerardo Zaldúa
Master Coach | Mentor Ejecutivo | Head Hunter
“La verdadera alquimia personal comienza cuando transformamos nuestros pensamien...
Leer más
Durante muchos años, ser líder significaba tener experiencia, conocer el negocio...
Leer más
Por más de 25 años he impartido ponencias, seminarios y sesiones a grupos. Las...
Leer más